Cuerpo y mente juntos
El estrés vive en el cuerpo. Trabajamos sueño, pausas y respiración junto con lo mental: exigencia, límites y prioridades.
Estrés y burnout
Vives acelerada, duermes con pendientes y el descanso ya no descansa. El estrés sostenido pasa factura al cuerpo y al ánimo — y no se resuelve «aguantando un poco más». Te acompaño a bajar las revoluciones y recuperar tu energía, por videollamada.
Psicóloga colegiada FPV 13910 · Sesiones confidenciales · Online en español
¿Esto te suena?
El estrés puntual es normal. El problema es cuando se vuelve tu estado permanente.
Te despiertas cansada aunque hayas dormido
Irritabilidad: saltas por cosas pequeñas
Tensión casi diaria en cuello, mandíbula o estómago
Trabajas más horas pero rindes menos
Domingo por la tarde = angustia por la semana
Desconectarte te hace sentir culpable
Dolores de cabeza frecuentes o insomnio
Ya nada te entusiasma, ni el fin de semana
Entenderlo primero
El estrés agudo es normal: te activa para responder a un reto y luego baja. El problema es el estrés crónico: cuando la alarma queda encendida semanas o meses, el cuerpo vive en modo supervivencia — sueño ligero, tensión muscular, digestión alterada, mente acelerada.
El burnout (agotamiento laboral) es su versión de oficina: cansancio que no mejora con descanso, cinismo o distancia con el trabajo, y sensación de que nada alcanza. No es falta de compromiso: suele pasarle justo a quienes más se exigen.
La buena noticia: el sistema nervioso se puede reentrenar. Con herramientas concretas y cambios sostenibles, el cuerpo aprende a salir del modo alerta.
Para ahora mismo
Esta técnica (el suspiro fisiológico) calma tu sistema nervioso más rápido que «intentar relajarte»:
Si el estrés viene sobre todo del trabajo y lidera un equipo contigo, también trabajo con empresas: talleres y programas de bienestar laboral. Más abajo te cuento.
Mi enfoque
El estrés vive en el cuerpo. Trabajamos sueño, pausas y respiración junto con lo mental: exigencia, límites y prioridades.
Aprender a decir «hasta aquí» sin sentirte egoísta: en el trabajo, en casa y contigo misma.
Nada de rutinas imposibles: ajustes pequeños que caben en tu semana real y se sostienen en el tiempo.
El proceso
Un plan claro para salir del modo supervivencia, sin sumarte más carga.
Eliges día y hora online. Si dudas antes, me escribes por WhatsApp y conversamos sin compromiso.
De dónde viene, cómo se siente en tu cuerpo y qué lo mantiene: trabajo, exigencia, hábitos, límites.
Herramientas de regulación para el día a día + cambios de fondo en prioridades y descanso.
Seguimiento y ajustes hasta que el nuevo ritmo se vuelva tu ritmo normal. Sin recaer en el modo urgencia.
También trabajo con empresas: talleres, capacitaciones y programas para reducir el estrés laboral y cuidar la salud mental de los equipos.
Ver programas para empresas→“Vivía en modo urgencia: todo era para ayer y mi cuerpo lo cobraba con insomnio y contracturas. Aprendí a poner límites y a parar sin culpa. Sigo teniendo un trabajo intenso; ya no me arrasa.”
Reseña anónima
Consulta individual · texto editable
Dudas frecuentes
Suelen ir de la mano. El estrés responde a demandas concretas (trabajo, cargas, plazos); la ansiedad puede seguir activa aunque el estímulo no esté. En sesión lo diferenciamos y trabajamos lo que corresponda.
Sí. Combinando recuperación real (sueño, pausas), cambios en la relación con el trabajo y herramientas para el sistema nervioso. A veces implica decisiones laborales: las tomamos con claridad, no desde el agotamiento.
Las técnicas de regulación alivian desde la primera semana. Los cambios de fondo (límites, exigencia, descanso) toman semanas de práctica. Vamos midiendo el avance juntas.
Sí, de dos formas: terapia individual como la de esta página, y programas para equipos (talleres y capacitaciones). Si lideras un equipo o estás en RRHH, mira la página de empresas y pide una propuesta.
Trabajamos con tu realidad: micro-pausas, prioridades, límites posibles y recuperación fuera del horario. Cambiar tu relación con la carga ya reduce su costo en el cuerpo.
Sí: tensión muscular, dolores de cabeza, insomnio, problemas digestivos o de piel. Si un síntoma persiste, conviene también revisión médica — lo físico y lo emocional se cuidan juntos.
Si llevas meses «aguantando un poco más», esa es la señal. Empecemos a bajar las revoluciones.
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